domingo, 10 de diciembre de 2006

SOBRE EL 12 DE OCTUBRE


Cambio del Día de la Raza
Esta carta fue presentada en El Ancasti el jueves 7 de diciembre, estamos a la espera de su publicación. Mientras tanto la dejamos a disposición y consideración de quien se llegue por este sitio.
Aquí planteamos claramente la necesidad de cambiar el Dia de la Raza por el de otro más conveniente. Nos interesa saber sus opiniones y fundamentos al respecto.
Colaboraciones enviar e-mail a: eduardoargentina@gmail.com


SOBRE EL 12 DE OCTUBRE
Señor Director:

Permítaseme por medio de la presente adherir a lo planteado por el Sr. Rodolfo Lobo Molas en su carta "Frente a un Nuevo 12 de Octubre" (publicada en El Ancasti el 12/11/06).
Si bien ha pasado bastante tiempo desde la fecha de publicación, considero que debido a la importancia que refiere la cuestión propuesta se nos hace necesario no esperar un Día de la Raza más; además, habiendo ya pasado el clamoreo de festejos a la mencionada fecha y alejándonos un poco de las susceptibilidades que se generan al respecto, nos permite discernir con mayor tranquilidad. Por lo que aprovecho para felicitar al Sr. Lobo Molas por tan importante recordatorio y el valioso aporte que nos plantea en su carta con una postura de visión nueva hacia lo que significa un 12 de octubre, día en que la Europa con su cultura de entonces vino a abordar lo que es hoy América, a la cultura aborigen de este continente.
Ante la diversidad de puntos de vista y de conveniencias, esta fecha tan célebre para unos y tan funesta para otros se recuerda, por lo tanto, con opiniones cruzadas, antagónicas e inconciliables.

Contradicción
Recordar un 12 de octubre como Día de la Raza es una contradicción e hipocresía sin relevantes, puesto que si festejáramos o rindiéramos tributo realmente a ese encuentro de culturas y lenguas, hoy día tales culturas y lenguas aborígenes deberían estar aquí presentes, pero bien sabemos que el único sobreviviente a tal encuentro fueron los pueblos que vinieron desde el otro lado del Atlántico.
Si bien hoy, después de un poco más de 500 años, podemos encontrar pueblos descendientes directos de nuestros aborígenes, la cantidad de habitantes de esos pueblos es inmensamente menor con la que nos habríamos encontrado en aquellos días.
Los aborígenes fueron más que diezmados; pereciendo millones, sean o no justificables los motivos.
Como resultado natural del dominante sobre el dominado, estas culturas valiosas, estos pueblos, si no desaparecieron totalmente, quedaron excluidos y postergados de la civilización impuesta al "Nuevo Mundo": la civilización europea.
Grandes civilizaciones, como la Incaica por ejemplo, quedaron lamentablemente en el recuerdo ya que todo el potencial poderoso que hubo desplegado en su momento fue a desaparecer ante el choque de estos dos mundos, estas dos culturas distintas.
La política expansionista de la Europa de aquel entonces pudo someter y subyugar a la política del aborigen, política que se articulaba con ejes filosóficos en nada parecidos a los de su opresor; algo así como lo encontramos en las diferencias sustanciales que existen comparando las culturas Orientales con las Europeas mismas.

Verdadero sentido
Festejar el Día de la Raza , sería festejar y recordar el encuentro, permanencia e interacción de dos grandes pueblos o civilizaciones ( la Europa y la América aborigen) en el que ambos contribuyeron a edificar una sociedad resultante mejor, un encuentro de dos mundos (formas de ver en el pensamiento humano), de dos mentes, en el que cada cual aporta lo mejor de sí para el beneficio del otro: ese sería el sentido, según creo, de festejar el Día de la Raza.
Los hechos que se sucedieron desde 1492 hasta nuestros días están muy lejos de plantearnos que esto haya sido un feliz encuentro.
Por el contrario, los hechos demuestran y ratifican que tal encuentro de culturas (razas) tan diferentes, en poco y nada semejantes, sirvió para concluir en el dominio de la una sobre la otra.
El hombre es belicoso de por sí; raro hubiera sido aquel "encuentro feliz" del cual se pretende celebrar.

Con el paso del tiempo, la mano férrea del dominador junto a la inmadurez en que todavía se desenvuelve nuestro planeta, ha permitido que millones de seres humanos, pertenecientes a las culturas aborígenes de la América , muriesen sin freno y sin pausa ante el filo de la dominación.
Hoy por hoy, los pocos pueblos aborígenes que quedan son desplazados continuamente hacia parcelas o rincones improductivos para apoderarse, la civilización moderna, de algún campo o tierras valiosa que fueran de la propiedad de aquéllos, salvo raras excepciones.
Festejar, entonces, el Día de la Raza con todo lo que sucedió, y sigue sucediendo, es inapropiado. Sería como si en la Argentina para recordar algún golpe de Estado militar dijésemos: "Estamos festejando el Día de los Partidos Políticos". Suena contradictorio, ¿verdad?
Por eso, además de adherirme en líneas generales, a lo que plantea Rodolfo Lobo Molas en su carta, agrego que, al menos en América, deberíase cambiar el Día de la Raza por el de Día de la Memoria Americana , o por el de alguna otra denominación mejor o más conveniente.

Proyecto en la Legislatura

Me parece muy interesante el proyecto de la legisladora Lucía Martinez (ver El Ancasti, sección "cara & cruz" del 18/12/06) de que el 12 de octubre sea declarado duelo provincial, debiendo izarse la bandera argentina a media asta en toda la provincia. Tal vez si al denominado proyecto lo presentase con tiempo (desde ahora) ya para el 2007 seguramente sea implementado.
Esto sería al menos una muestra de recuerdo y respeto hacia los indígenas, raíces de nuestra América.

Sobre las opiniones
Por supuesto que no todos estarán de acuerdo con el sentimiento que nos propone un 12 de octubre, es de entender; pero es lamentable la forma en que una persona anónima, pues no se dio a conocer (falto de seriedad), llamó al "434400" (el 18/12/06) para atacar cobardemente la opinión vertida por el Sr. Lobo Molas, insultándolo y faltándole el respeto gratuitamente.
El Sr. Lobo Molas es una persona respetable y tuvo la integridad de poner seriamente a disposición de todos su pensamiento y fundamentos de lo expuesto con su firma al pie. Algo muy plausible.
Es interesante conocer las distintas opiniones o posturas que surgen pero es necesario que esas opiniones se hagan con la debida corrección y seriedad que se necesita para fundamentarlas. Una opinión sin fundamentos evoca a un fanatismo enceguecido y, por lo tanto, esa persona que opina y descalifica infundadamente lo hace por miedo, generado en su interior, a apreciar verdades desde otra perspectiva.

Eduardo Argañaraz

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