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jueves, 8 de marzo de 2012

8 de marzo, día internacional de la MUJER

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Aquí transcribo textuales palabras de una mujer tinogasteña:

"EN ESTE DÍA REPUDIO TOTAL A DOS MUJERES REPRESORAS. REPUDIO A TOTAL A LOS HIPÓCRITAS SALUDOS EN ESTE DÍA DE QUIENES PERMITIERON LA REPRESIÓN A MUJERES EN BELÉN, SANTA MARÍA, ANDALGALÁ Y TINOGASTA... ESPECIALMENTE A LOS FUNCIONARIOS CÓMPLICES... ALGUNOS HUYERON O SE ESCONDIERON COMO SERES DESPRECIABLES".

Imágenes de la represión, cruel y desmedida, del 10 de febrero del 2012, ordenada por el gobierno de Lucía Corpacci y Cristina Fernández de Kirchner; palos, balas de goma, de plomo, y gases lacrimógenos hacia mujeres, niños, ancianos, jóvenes.

BASTA DE HIPOCRESÍA, BASTA DE TANTAS MENTIRAS en este régimen kirchnerista!!!



















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miércoles, 19 de enero de 2011

Los héroes inmortales - ALCESTE





La heroicidad mitológica, podemos afirmar, es la más fiel representación del drama, el drama profundo por el cual debe transitar el corazón humano ante la antagonía de los hechos; y el hombre (varón o mujer) como ser viviente dotado de una maravillosa inteligencia lucha por sobreponerse a los designios del casi siempre mal hadado destino, triunfando sí algunas veces, los más agraciados, sucumbiendo, en cambio, los menos favorecidos por esa rueda del destino que gira sin cesar.

No cabe duda: no es casualidad que la Grecia antigua sea el basamento de la civilización occidental de todos los tiempos, bien supieron dar a luz las más grandes disputas del espíritu humano: la lucha contra los elementos tanto interiores como exteriores del propio personaje.

Se nos dirá por ahí:
- "la mitología son cuentos fantásticos".

Nosotros responderemos en cambio:
- "la mitología es la historia de nuestros antepasados, la historia de una época que supo manejarse con una concepción de las cosas de las que todavía no podemos llegar a entender pues se basan en una estructura muy compleja y distinta a la del hombre moderno, donde allí los valores se desarrollan en manera más simple y concreta en el que para poder desempeñar un ideal de la época el que lo hubiese intentado tendría que convertirse en héroe irremediablemente.

El drama es universal y es el soporte que sostiene la naturaleza entera como elemento de tensión necesario para erigir la vida misma.

El drama humano no solo termina en el remolino de los acontecimientos externos sino que se entrelazan con los de la misma psiquis.

El héroe es el resultado de la vivencia del drama y la ejerción de una acción para contraponerse al opuesto que quiere arrasar de una u otra forma a la esencia de los valores mismos: el héroe busca reinvindicar los valores que se hallan oprimidos ante las situaciones ineludibles que proporciona el destino, arremetiendo con sus flaquezas y fortalezas diluidas en un todo para anteponerse a los designios impuestos. El hombre busca trascender: esos son los valores de los que hablamos.

Otra cosa que distingue a Grecia de la edad actual es la valoración de la heroicidad tanto de varones como la de mujeres sin miramientos o tratamientos especiales: el héroe griego es tanto varón como mujer y no hay separación en tal sentido.

Fiel ejemplo de esto que mencionamos es el caso de Alceste.

Si bien hay varias versiones sobre este mito podemos sintetizar que todo se origina esencialmente ante las premoniciones de las Moiras de que Admeto moriría prematuramente, pero Apolo, como regalo de bodas, intercede ante las Moiras para lograr que esa predicción no se cumpla, pero estas viejas hilanderas del destino acceden a cambio de que alguien muera en su lugar llegado el momento.

Cuando Admeto cae gravemente enfermo, en vano resulta de conseguir quién entregue la vida por él, incluídos sus ancianos padres.

Aparece entonces en escena la bella Alceste ofreciendo su vida por la de su esposo; las Moiras, esas viejas Parcas, la toman y Admeto recupera inmediatamente su salud, pero grande es su desesperación al ver a su esposa muerta quien ha decidido salvarlo sin miramientos; decide entonces también poner fin a su vida para sumergirse en el Hades junto a su esposa. Hércules se entera de los acontecimientos desgraciados que padece su amigo Admeto y llega en su ayuda prometiéndole que traería a la bella Alceste sana y salva del Hades.

Hércules cumple con su promesa y los dioses que se enternecen ante este increíble amor conyugal le perdonan la vida a Alceste, y los enamorados esposos se reencuentran felices de haber superado las pruebas de la adversidad.

Aquí está claramente definido que la heroína es Alceste quien entrega su vida, lo más preciado que tienen los seres vivos, en forma generosa y admirable. El drama es la muerte, ese hecho ineludible del que todos vamos a ser partícipes.

Imagínense en el momento que Alceste tiene que expirar, aquel instante mismo que tiene que entregar su vida... cuánto valor se necesita para ello, es un momento supremo donde los instintos dominan cualquier actitud que intentemos realizar deliberadamente, pero Alceste, superando en en todo sentido a su pueblo trasciende con su accionar heroico al que recitarán los poetas por más de 3ooo años.

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jueves, 28 de mayo de 2009

Saludo de Maestros


El título lo dice todo; la imagen esconde los detalles. El clásico saludo del solista al director. Luis Argañaraz (a la izquierda) y Daniel Sánchez (a la derecha), los maestros. El esfuerzo atlético de Daniel Sánchez con su viola luego del concierto de Vivaldi para viola y orquesta. El esfuerzo sobrehumano de Luis Argañaraz de la terrible responsabilidad de estar en pie ese día, como si nada hubiese pasado, como si no hubiese perdido dos litros de sangre la noche anterior al lastimársele una várice y sin mencionar el estado gripal que a cuesta sobrellevaba y la garganta ardía, como así la fiebre. Es la pasión. Es la razón de Ser

domingo, 17 de mayo de 2009

Réplica al no visto; enseñanza de hombría

"No queremos migajas, queremos la torta entera, nosotros existimos; pero el rigor es nuestro punto común, punto que no nos abandona, y aunque no seamos pobres como tu pobreza, los harapos igualmente son nuestra vestimenta que el corazón llena e inflama. No te preocupes, no te abandonaremos, no te ignoraremos, compañero"

H.N. y D.D.V.

viernes, 15 de mayo de 2009

H. I.


"Tengo la alegria de los pobres:
me alegro por las pequeñas migajas que caen en el piso enlodado de los señores del mundo hartos del placer bacanal servidos en su mesa

Con la humildad no se nace, se adquiere luego de tanto rigor y padecimiento moral impuesto por el Destino que lacera nuestras heridas más profundas y nos impide abrazar nuestro Ideal, dejándonos con pleno convencimiento de que nuestra existencia es insignificante ante el más común de los hechos y lo es tanto que ya nadie quiere dar explicación de su atropello si es que, por la causa que fuere, nos pasan por encima

Aún así no voy a dejar mis harapos si dejarlos significa dejar de ser, negar mi ideal. Me acostumbraré a las migajas y sólo yo sabré cuánto puedo llegar a hacer por mi Ideal ya que es lo que verdaderamente me da vida y sostendré hasta las últimas consecuencias de mi inexisitibilidad"

H.I.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Rebelión del héore

Hay cosas que por más que uno las razone mentalmente y nos convezcamos y estemos seguros de que es la conclusión correcta y de por más lógica, en los hechos nuestros sentimientos e intuición se rebelan en forma inequívoca y contundente ante las pretendidas disposiciones disparadas por nuestra mente sin su consentimiento, sin el consentimiento primordial y necesario de la autoridad suprema de nuestros sentimientos, de nuestra razón de ser

Negar y violentar esa voluntad manifiesta que se rebela ante nuestro cálculo frío es como quebrarse un brazo o cortarse la cabeza simplemente porque lo establezca un estatuto al que todos deban ceñirse y cumplirlo al pie de la letra para guardar el bienestar de las reglas y de la lógica estructurada

El que deja de quebrarse brazos, piernas y de rodar su cabeza infinidad de veces se convierte en un héroe, un héroe que se ubica al margen de la ley y no deberá más que sufrir las consecuencias a las que está destinado todo aquél que lo intente

lunes, 2 de marzo de 2009

Don Diego de la Vega

En este día tan especial presentamos una carta que se publicó hoy en el Diario El Ancasti y que gracias a la amabilidad del Director se publicó hoy mismo; pero por error o edición del mismo diario, lamentablemente, se ha omitido un párrafo que es el fundamento de todo lo que se expresa: el párrafo en donde se dice lo que es un caballero. Sin este párrafo tan importante la carta queda sin conexión a tierra, sin el motor que impulsa toda la acción, todo el desempeño del Héroe, de nuestro Don Diego de la Vega...

Si bien nuestro Ideal es el fuego de vida, de existencia, la caballerosidad es el medio, la estructura de toda nuestra vida; el medio por el cual se ha de desempeñar el Héroe

Aquél que no es un caballero, y no tiene códigos básicos de la esencia de un caballero, es un villano; habrá matices por supuesto en todo el espectro... Ahora se entenderá porqué el mundo es de los villanos... ya que éstos no cuentan con ninguna regla o código de honor que naturalmente brote del corazón. El caballero no "lo hace" sino que lo "es" y de ahí su transformación en Héroe

Un traje de última moda y buenos modales no hacen de esto un caballero sino lo altivo que guarda su espíritu y el escrúpulo por lo superior y lealtad espontánea


Aquí disponemos a continuación la carta completa, tal como se la presentó al diario, a la cual tituló

"Vivir con un Ideal"



San Fernando del Valle de Catamarca, 24 de febrero del 2.009

Sr. Director del Diario El Ancasti:

Tengo el agrado de dirigirme hacia su persona para pedir la publicación de la carta a continuación escrita; pero también tengo el atrevimiento de rogarle, en caso de Vd. aceptar su publicación, que sea ésta publicada el día lunes 2 de marzo en una sola parte, preferiblemente. Motivos de mucha sensibilidad e importancia para mi persona me obligan a rogarle tal muestra de deferencia, la que estaré sumamente agradecido.
Muchísimas gracias desde ya; le envío mis saludos más respetuosos; he aquí la carta:


¿Para qué vivir si no se puede sentir eso ferviente que nos hace palpitar, esa fuerza que nos envuelve y atrapa y conmociona todos nuestros sentidos y raciocinio; eso que nos hace íntegros y es nuestra razón de vida, ese elixir ígneo que nos sustenta; aquello por lo que podemos morir y entregar nuestra vida sin objeción alguna, sin demora; aquél encanto que nos embarga en su contemplación, en su presencia, en su roce, en el sonido de su voz delicada de infinitos matices perfectamente percibidos y absorvidos en todo nuestro ser, en toda nuestra conciencia y corazón a los que sólo puede llegar lo más profundo, lo más exquisitamente refinado y afín a éstas fibras, las más íntimas de nuestra esencia, o sea la esencia misma en presencia de nuestra esencia?

El héroe está destinado a no concretar su ideal; el destino que marca la inteligencia suprema de la naturaleza no permite que el héroe abrace en total triunfo esa fuerza vivificante y esencial de sí, es algo que se le está negado ya que el héroe es incorruptible en todos sus aspectos, quizás con defectos, muchos o pocos, pero es entero, íntegro en su ser, un caballero en todo sentido. La naturaleza, el Destino, Dios, o como quiera llamársele, se encarga de que tal situación de triunfo y conquista paradisíaca innegable no se dé ni siquiera por un instante; la condición humana del héroe exige esa dote, esa entrega involuntaria, esa negación del héroe para con su existencia

El ideal es inalcanzable por ocurrencia del mismo Destino; el Hado lo ha dispuesto desde las entrañas inmemoriables de la creación de las cosas y de la inexistencialidad de lo primero

El héroe tiene características extraordinarias en su primer momento; es un ser humano de carne y hueso pero hijo de un inmortal, de un Dios sempiterno. Estos héroes eran verdaderos semidioses que sufrían la carne, el peso, el corazón palpitar y el fragor embravecido de su aliento; eran tan exquisitos, tan vívidos, que causaban envidia y asombro entre los moradores del Olimpo, por lo tanto siempre malditos

Luego, con el tiempo, quizás en el nuestro, el héroe es solamente hijo de la carne ante el abandono manifiesto de los Dioses. El héroe, entonces, nace de su propia flaqueza, de la propia condición humana imperfecta. El héroe suspira el dolor de la pérdida, del abandono de aquél ideal negado inconsulto. El héroe adquiere características ideales, las que ha perdido o se le han negado; se transforma en temerario y de por más valiente ya que su razón existencial no está en riesgo, es sólo un fuego de vida que ilumina su mente y su corazón en la distancia y no es posible su cercanía inmediata, no puede abrazarla sino aspirarla, sentirla en toda su mente y su piel

El héroe encarnado en Don Diego de la Vega es el arquetipo del héroe moderno; aquél ser humano que todo lo tiene que sobrellevar con el esfuerzo corporal y su ingenio innato

Don Diego de la Vega hace más de lo que dice, más de lo que aparenta hacer y de lo que se suponga que sufre en su acción heroica. Es el caballero por excelencia, un corazón puro e incorruptible que entrega en su diálogo la más absoluta honestidad y transparencia, se extasía ante ese ideal que tiene ante sí y que puede venerar incondicionalmente, morir ante sus pies con total devoción y derretimiento, sensible como un trozo de manteca echado al fuego

Don Diego tiene que llevar su acción heroica bajo el anonimato, bajo esa máscara que oculta su identidad. El Zorro no es más que el símbolo de lo que no puede alcanzar el héroe; es el suspiro de las damas, la admiración de la juventud y el asombro del caballero indefenso que cuenta sólo con su honor; es el conjunto completo de lo que se admira, dueño de todas las virtudes del alma y del fuego del corazón. El Zorro es capaz de las mejores hazañas, de las acciones más difíciles y bravas, de conquistar aquélla joven dama por la que suspira, tenerla a sus pies rendida si quisiera ante el embargo que produce la voluptuosidad de su virilidad que irradia, pero no lo hace porque es todo un caballero, es Don Diego de la Vega, el héroe en sí mismo, es uno solo; el Zorro tiene máscara, la máscara impuesta por el Destino que no le permite alcanzar el Ideal, abrazarla con toda la intensidad que quisiera. El Zorro no existe sino que existe Don Diego de la Vega, y él es el héroe que tiene que cumplir su designio sin ayuda de ningún poder, sin ayuda de ninguna fuerza o don inasequible por cualquiera de los hombres

Un caballero tiene código de honor, no recurre al engaño sino que actúa de frente y sin bajar la cabeza, erguido y orgulloso ante el porte de sus pensamientos. El caballero es límpido, transparente en sus intenciones y severo en sus determinaciones pero con el rigor que lo exigen las circunstancias. El caballero es infinitamente respetuoso del sexo débil y del género humano en todas sus condiciones, no habla señalando a espaldas ni cuchichea en forma despectiva de alguien señalado en su cercanía. El caballero tiene palabra ya que ésta es su firma más valiosa. El caballero es el Maestro de la Ética y de la conducción de sus acciones, actúa de igual manera con o sin testigos ya que su consciencia es su Juez, Juez demasiado exigente. El caballero lleva la honestidad como rasgo indisoluble de sí

Un caballero rinde culto a su ser amado ya que es su Ideal mismo hecho carne; el caballero se postra ante su mujer venerada entregado en cuerpo y alma, en sentimientos y pensamientos, se considera el más dichoso de los hombres al recibir la calidez de su sonrisa; no puede traicionarla porque es simplemente imposible, sería traicionar su razón de existencia, su razón de vida: no puede hacer lo contrario de su ser que lo impulsa; no podría hacerlo ya que su vida es ella misma y no hay lugar para algo más, es su Diosa venerada, dueña de su corazón que impulsa la existencia, la vida en su persona, ¿¿cómo habría de mirar otros ojos que no sean los de ella??

Don Diego de la Vega es un verdadero caballero condenado a las consecuencias de convertirse en un héroe oculto bajo su máscara; máscara como símbolo de la imposición ineludible que no puede evitar por más que su corazón se desgarre y que en su vida no pueda abrazar sus más profundos deseos.

Don Diego de la Vega es todo un héroe moderno en el sentido más exigente de la palabra ya que no posee poderes o dones sobrehumanos o poder fantástico alguno, como lo posee tal vez Superman, el Hombre Araña o el Hombre Nuclear, es simplemente un ser humano que persigue su Ideal y lo lleva hasta el fin de sus días sin haberle dado la espalda bajo ninguna circunstancia a ese Ideal que siente y venera

Don Diego de la Vega se postra ante su Rosarito

Si fuera necesario él sabrá renunciar a su Rosario amada habiendo besado sus manos para obedecer sumisamente su designio, pues ella suspira por el Zorro. El Zorro nunca sacará rédito de sí mismo y Don Diego nunca se dará a conocer porque ese Ideal que inflama su espíritu y es la causa de su vida lo ha transformado en Héroe y el héroe sólo espera la excepción, el milagro del Destino, que le otorgue posibilidad de concretar sus sueños, de abrazar su Ideal y si se diera a conocer, todo lo que es para este héroe se habrá perdido

La vida es una sola, al menos en la contemplación inmediata de nuestro entendimiento, ¿¿de qué sirve vivirla si no sentimos esa efervecencia, esa ebullición que produce la cercanía de nuestro Ideal, de la verdadera dueña de nuestra vida, ese mar de fuego que produce el oleaje de su mirada radiante y del sonido de su voz tan pura y nítida??



Eduardo Javier Argañaraz

lunes, 16 de febrero de 2009

Honor al Chacho

Aquí encontramos un video en homenaje al Chacho Peñaloza del que nos hacemos extensibles

Pueden entrar a dejar su comentario en:





lunes, 4 de agosto de 2008

Ricardo Della Schiava

Hay pocos referentes; lo absoluto se transforma a relativo en la medida de las exigencias. Un arquetipo se transforma en mito en la inexistencia de lo absoluto... hasta que ocurre lo contrario y se rompen las limitaciones cientificistas que pretenden seguir la linealidad de las cosas, cuando en realidad lo verdaderamente científico apunta a la esencia, a lo no lineal.

El mito se hace carne y el héroe se hace visible...

Adentrémonos en lo que raya el colmo del escepticismo...:


En estos días de profunda borrasca que golpea a las puertas de nuestra consciencia, de nuestro entendimiento y en lo que parece estar todo perdido, sobreviene su contraste, su aliciente, la fuerza y luz que nos guía como un faro en las obscuridades de nuestra ruina, en esas callejuelas estrechas y angostas que parecen querer ahogarnos; en medio de todo eso, de lo adverso, surge la luz y la voz guía, el aliciente, como decíamos recién, y el ánimo poderoso para cargarnos de valor y seguir adelante contra la furia desatada la que no cesa nunca, en momento alguno, pero que se ve forzada a menguar en su ímpetu asolador ante injerencia opuesta en igual o mayor grado de vehemencia a la que se ve, ahora ella, interpuesta. Sólo un brazo poderoso puede derribar obstáculos invencibles; sólo un brazo impulsado por corazón de fuego vivo puede abrirse paso en medio del hielo glacial que ahoga toda esperanza; sólo un atleta, un guerrero encarnecido, puede trabar combate con fuerza tan numerosa y no ceder un ápice, un palmo, sino avanzar y avanzar y erguirse victorioso y triunfante que resplandece y nos ilumina llevándonos como fiel guía avizor en medio de la profunda obscuridad de la noche en la lejanía de la templanza de nuestros espíritus. Gracias a ese atleta, a ese espíritu templado de manera increíble, a ese hombre-héroe, pues un héroe no es más que un hombre aunque hombre casi mítico, que se ha plantado en lo más alto de los riscos y con su luz a cada instante más potente capaz de irradiar hacia los sitios más lejanos y obscuros como el nuestro; gracias a este ser especial en que nos gratifica la vida, la que parece implacable; gracias a este hombre aguerrido de potencia resplandeciente podemos continuar camino, encontrar el sur habiendo perdido nuestra brújula en medio de tantas tempestades que no cesan y nos hacen tambalear.

Ese hombre, ese contraste que hace frente a la borrasca atropelladora, la que no pareciera ser franqueable, hace tornar a ésta como simple escollo, como simple piedrecilla que, favorecida por el intempestío y la cruda obscuridad de la noche en que surcamos, aparece y pretende dar sensación de muralla límite. Esta luz, ese hombre-héroe, ahora nos permite maniobrar con tranquilidad absoluta y seguridad plena con la garantía de su hazaña, de su valor que lo ha desplegado todo y nadie puede negárselo. Tal así, esta garantía, es como si tendiera una mano, un brazo poderoso, para llevarnos a buen puerto incluso en medio de la turbulencia la que no se va nunca: he ahí el porqué se torna a cada instante más heroico, más triunfante; sus músculos ya se encuentran adaptados a la tensión continua y no afloja. Una muralla es algo estacionario, quieto, frío, parapetado en un lugar con un grado de resistencia fijo; pasado ese grado de resistencia por una fuerza mayor, la muralla se derrumba porque no otorga ya oposición, no puede, no es carne, es tan solo un promontorio que se derrumba. En cambio el héroe, ese faro lleno de vida y de luz que descubre los senderos perdidos y hace ver la real semblante de las trabas, es una resistencia constante que no cede, que no se agita pero sí ruge, truena y da grandes voces como relámpagos que golpean y abaten las tinieblas haciéndolas retroceder y que la fuerza del impacto de las ondas del trueno de su voz agrietan esas murallas presentes y que nos cierran el paso; ahora se agrietan ante el huracán de su voz para nosotros derrumbarlas, no sin mucho trabajo, y seguir camino del que ya podemos ver claro y el funcionamiento de los instrumentos se han reestablecido entrenándonos así en nuestros músculos, muy flacos por cierto, y en nuestros espíritus casi hundidos.

La claridad surge, se hace la luz, la brisa cálida de una mañana venturosa nos acaricia ante nuestro paso. Ya es día, el sol nos ilumina a pleno permitiéndonos ver el fondo de las aguas las que se tornaron límpidas y transparentes, ofreciéndonos a la vista toda su vida interior: sus peces, su oxígeno, sus algas de variado colorido nos bañan en dulcísima exquisitez reconstruyendo nuestro corazón destruido. Ha amanecido por fin; esta mañana que todo lo ilumina sin dejar sombra nos da calor y tranquilidad; el cielo está despejado pudiéndose ver hasta el infinito así como al fondo de las aguas uniéndose a todo esto una sensación de triunfo, de alegría, de libertad en nuestros corazones, de libre respiración y expansión a nuestras emociones. Vamos surcando tranquilamente rodeados de hermoso canto y belleza; cerramos los ojos pero permanecen abiertos porque esa luz llega hasta lo más hondo de nuestra alma. Luz que llega, imagen que se ve. Cerrando los ojos seguimos teniéndolos abiertos y nos es imposible más dicha, dicha dada por nuestra condición humana pues seguimos teniendo peso, de ahí el que surquemos. Estamos contentos, es increíble nuestra alegría: es todo maravilloso y reconfortante. Este brillante día que se abre como eterno amanecer es esa luz que proviene del faro de ese héroe gigantesco que se sostiene en la cúspide iluminándonos con esa luz que nos provee con tan desinteresada generosidad a nosotros, que tanto la necesitamos.

Así que ya cuando nos creíamos en un amanecer continuo, no es sino que estamos bajo el amparo de nuestro guía, de esa tensión continua que no cede y triunfa y en su triunfo resplandece tendiéndonos su brazo protector, a nosotros simples principiantes. Así estamos y nos sentimos contentos y plenos sintiendo ya a principiar nuestra propia tensión. Así es simplemente don Ricardo, así como he intentado describiros; don Ricardo, o simplemente “el chueco”, que en su semblante pareciera tan solo un hombre, es en sí todo eso e incluso más porque tal caudal guarda en su interior que no alcanzaría miles de profundas y detalladas observaciones para dar siquiera con una pequeñísima parte de tal coloso y ser exacto en la expresión.

Don Ricardo es un punto de referencia en la inmensidad, siempre se mantiene incólume, intachable, no se vende, no se desvirtúa. Esa es la grandeza de esos pocos seres humanos a los que llamamos héroes, e inclusive la de rebelarse en las más adversas condiciones físicas de las que todos somos propensos, pues esos héroes son también de carne y hueso y no inmortales. Tal héroe: tal historia, y quizás más adelante, con el permiso de “el chueco”, podamos dar a conocerla.
Eduardo Javier Argañaraz
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Esta carta fue publicada en el diario El Ancasti el día 10 de marzo del 2.008

viernes, 3 de agosto de 2007

ANGEL VICENTE PEÑALOZA



















En estas pocas palabras que hemos puesto a disposición, creemos que es muy primaria la impresión que podemos transmitir de esta época tan intrincada y llena de avenires y complejidades tan grandes como el universo mismo de las circunstancias; pero a pesar de todo sí estamos convencidos de que en esa época, en esas situaciones y vivencias tan difíciles, tan rústicamente crudas, surgió un hombre de toda esa masa ingente del teatro de la guerra intestina, un hombre que creció en todo sentido, un hombre aclamado y querido por el pueblo argentino como nunca lo volvería a ser ningún otro..., ni aún en las grandes extensiones urbanas de hoy en día; un hombre que vino a proteger reciamente las necesidades reales y urgentes del criollo, de los pueblos, del comerciante, de la mujer, del niño, en fin, de todos aquellos que su destino era ser presa de los crueles y lascivos como un Aldao, un Sandes, que asediaban mediante ordenanzas legales emanadas por el gobierno de turno impartiendo el terror a las provincias.


...Pero ese terror tuvo un alto, un parate, un fuerte cúmulo que no pudo doblegar ni avasallar; ahí es cuando surge Angel Vicente Peñaloza, el Chacho, ese gaucho de cabellos dorados, ojos claros y mirada férrea con rostro tostado y embravecido por el sol, el duro sol de las jornadas; jornadas que las podría llegar a suponer el hombre de campo de hoy en día, pues es lo más aproximado a las vivencias de aquellos años.


!EL CHACHO!




(Si necesitás las fotos con mejor resolución enviá un mail a eduardoargentina@gmail.com)




lunes, 30 de julio de 2007

LOS SOLDADOS DEL CHACHO

Internarnos en los crudos inicios del siglo XIX de la Argentina es algo que no tiene un asidero mental en la actualidad.

Cuánto más todavía yendo a mediados, o sea en pleno siglo XIX.

Por supuesto que esta crudeza abrasiva, crudeza proverbial, era palpada y vivida por el hombre de la campaña (hombre en sentido genérico); la que además debía ser guerreada, puesto el hombro para las fatigas y el pecho para las balas (tremendos pedazos de plomos) sin posibilidad a reclamo, sin posibilidad de un desquite o solución.
Los caudillos que se alzaban en plena anarquía (anarquía facilitada por la caída de la corona, ya que había un incipiente sistema de gobierno) necesitaban sus soldados y no había segunda opción.
Un caudillo, por lo general, era alguien que se destacaba por sus cualidades físicas, alguien que podía enfrentarse a 20 hombres armados con sables por ejemplo; alguien que destellaba furor en sus ojos y su palabra se llevaba a cabo por el terror que inspiraba.
Si bien esta es una generalidad, habían ciertas excepciones que dejaban muy atrás estos conceptos, pero aún así eran los pocos...

Aquellos pueblos que veían llegar a un regimiento a sus puertas veían la desgracia segura, pues el saqueo y la destrucción estaban al orden del día hayan sido o no regimientos civilizados Unitarios o aquéllos llamados Federales.

En medio de todo ese dolor que produce la continua llaga hiriente de la injusticia y la crueldad surge Ángel Vicente Peñaloza, conocido como El Chacho. Él conoce más que nadie cómo sufre su pueblo, sus allegados y pone a disposición su modestia, temperamento, inteligencia y fuerza hercúlea.

La gente lo sigue sin titubear, se hace presente a su llamado sea donde sea. Las mujeres esconden a los hijos y los varones a correr leguas y leguas llevando consigo algo que podría decirse que es un arma. El Chacho es realmente un caudillo querido, querido hasta el éxtasis, nadie obliga al pueblo a dar vivas a ese ser generoso y humilde, lo hacen de corazón y con gusto: pero la cosa no queda en palabras y dan por él su vida porque el Chacho es un ideal, es una expectativa de justicia, de vivencia plena, de prosperidad; "si vence el Chacho vencemos todos, estamos salvados", dirían tal vez...

Como si fuera poco, esto de presentarse desnudo en la más absoluta miseria ante el Chacho para formar parte de su prestigioso regimiento, este pueblo jamás lo traiciona, estos jóvenes, ancianos, mujeres, niños, jamás lo delatarán pese a las torturas afligidas en sus pellejos con el cepo colombiano, los azotes y tantas más, torturas cruentas impensables hoy en día. Sufrirán lo que sea pero no delatarán, no traicionarán a El Chacho.

Pero, ¿es que acaso no había nada que pudiera doblegar sus espíritus? algo que a un pueblo que raya en la más profunda miseria, en la más absoluta pobreza, pudiera trastocar sus integridades? No, ciertamente no. Ni siquiera el dinero podrá doblegar estos espíritus vírgenes de la corrupción, ese dinero que hoy en día lo compra todo.

Era simple: aquél soldado del Chacho que fuera prisionero y no hablaba, o no decía dónde encontrarlo, era muerto previa tortura.

Como decíamos al principio, repito, la vivencia de aquél siglo XIX naciente no tiene asidero mental actualmente.

Los que amaban al Chacho no eran tan sólo sus soldados sino también los soldados enemigos porque sabían que mientras fueran hechos prisioneros por algún soldado del Chacho iban a gozar de un trato humano sin torturas o fusilamientos (en realidad lanzeados porque no había muchas balas y pólvora); sabían que encontrarían compasión en donde en ningún otro lugar a la redonda lo hallarían (salvo un General Paz).

Así estos hombres morían por su causa, por el Chacho, por esa esperanza de un mundo mejor y justo. Admiradores de su generosidad sin límites.

Haciendo un homenaje a esta gente valerosa publicamos una foto que les fue tomada, a ellos, a los soldados del Chacho, luego de ser hechos prisioneros. Observen cada detalle en esa realidad que de lejos, en el tiempo, intentamos apreciar.




La mayoría de los soldados que aquí vemos fueron posteriormente lanzeados.










(Si necesitás alguna foto con más resolución enviá un mail a eduardoargentina@gmail.com )






domingo, 3 de junio de 2007

EL CHACHO

"El que desgraciado nace
Entre los remedios muere."

Hojeando a Eduardo Gutiérrez, salvador de cuantiosa parte de nuestra historia, encontramos esta frase que hizo grabar el mismo Chacho Peñaloza en "su puñal de engastadura de oro"

Quién ha sido el Chacho?

Dejemos hablar a Gutiérrez que, como excelente pintor, nos describirá sensiblemente la esencia de ese hombre que vivió en la crudeza de Los Llanos del 1800, ese criollo rubio y de mirada terrible, fiel expresión de lo intempestivo de la época:

"El Chacho ha sido el único caudillo verdaderamente prestigioso que haya tenido la República Argentina.

"Aquel prodigio asombroso que lo hacía reunir diez mil hombres que lo rodeaban sin preguntarle jamás dónde los llevaba ni contra quién, había hecho del Chacho una personalidad temible, que mantenía en pie a todo el poder de la nación, por años enteros, sin que lograra quebrar su influencia ni acobardar al valiente caudillo.


"A su llamado, las provincias del interior se ponían de pie como un solo hombre, y sin moverse de su puesto, tenía a los seis u ocho días 2, 4 ó 6 mil hombres de pelea, dispuestos a obedecer su voluntad fuera cual fuese.


"Los paisanos de la Rioja, de Catamarca, de Santiago y de Mendoza mismo lo rodeaban con verdadera adoración, y los mismos hombres de cierta importancia e inteligencia lo acompañaban ayudándolo en todas sus empresas difíciles y escabrosas.


"El Chacho no tenía elementos de dinero ni para mantener en pie de guerra una compañía. Y sin embargo él levantaba ejércitos poderosos, mal armados y peor comidos, que sólo se preocupaban de contentar a aquel hombre extraordinario."




Viendo estos pocos renglones, podríamos pensar del Chacho, tal vez, un hombre agreste y turbulento, actitudes hoy en día nada encomiables; pero avanzando en la lectura de su descripción y adentramiento de su alma, por decirlo más certeramente, nos damos con que fue un hombre excepcional y de cualidades admirables que rayan los límites inimaginados de la grandeza y rectitud.



"... el Chacho tenía en pie un ejército con el que hacía la guerra al Gobierno Nacional, sin que hubiera ejemplo de que se le desertase un solo soldado, porque todos sus soldados eran voluntarios y partidarios de Peñaloza hasta el fanatismo.


"El Chacho era valiente sobre toda exageración. Era un Juan Moreira, en otro campo de acción, con otros medios y otras inclinaciones. Generoso y bueno, no quería nada para sí: todo era para su tropa y para los amigos que lo acompañaban.


"Para éstos no tenía nada reservado, ni su puñal de engastadura de oro, única prenda que llevaba consigo y que, en mejores tiempos, le regalara su amigo el general Urquiza. "


(...)

"...En el campamento era el mejor compañero de sus tropas, al extremo de jugar con todos ellos y conversar larguísimas horas alrededor del fogón.


"Si llegaba un día en que los soldados no habían comido, pudiendo él hacerlo, porque no faltaba quien le regalara un pedazo de charque o de patay, no probaba bocado, porque no era justo, decía, que el jefe se hartara mientras los soldados morían de hambre."

(...)


"Cuando el Chacho tenía, todos tenían, pues su lujo era partir entre todos cuanto tenía a la mano."



Aquél que quiera profundizar respecto al Chacho le recomiendo lea "El Chacho", "Los Montoneros", "El Rastreador" y "La Muerte de un Héroe", obras de Eduardo Gutiérrez.


Pronto continuaremos con tema tan interesante.